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Mostrando las entradas con la etiqueta Viajes

Huancayo: la laguna Carhuacocha

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Abra Huaytapallana (4,570 m s. n. m.).  11 de la mañana. Mientras nos íbamos adaptando a la altura, el guía nos reunió a todos en La Estancia Huaytapallana , único restaurante del lugar y punto de partida para la caminata. Hicimos el pago adelantado para el almuerzo de más tarde: yo pedí un caldo de cabeza de cordero, y tú, un ceviche de trucha . Dentro del restaurante no se sentía el frío; el ambiente era rústico pero bastante acogedor. Llamaba la atención la cocina, que estaba ubicada en medio del salón, rodeada de las mesas para los comensales. Aproveché para ir a los servicios. Cuando volví, me contaste emocionado que un joven de barba te había preguntado tu edad y que se había sorprendido de que un niño de diez años se animara a hacer el trekking . Te pregunté cómo te sentías y me dijiste que bien. Igual te di una pastilla para el mal de altura, por si acaso. También te pregunté si tenías hambre, y me dijiste que no. Yo sí comí una mandarina y un yogur natural de las provisio...

Huancayo: Nuestro trayecto al abra Huaytapallana

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Tras desayunar en el Mercado Modelo y reunirnos con el grupo del tour en la plaza Huamanmarca, llegó el momento de subir al minibús. Ni bien arrancó la movilidad, el hombre que iba al frente se presentó como Edward Gonzales, el guía del tour , y nos dio la bienvenida a la «Incontrastable Ciudad» de Huancayo. Hacía mucho que no oía mencionar ese título, que recuerda el coraje y la rebeldía de los huancaínos durante la lucha por la independencia del Perú. Mientras lo escuchaba, pensaba en lo curioso que resulta cómo tantas veces —muchas, en realidad— pasamos por alto a quiénes les confiamos nuestra integridad, incluso nuestra propia vida: por exceso de confianza, ceguera voluntaria o una comprensión pobre, cuando no nula, de nuestro entorno y sus peligros. Aquella fría mañana en Huancayo, mi querido Marcelo, sin pensarlo siquiera, nos habíamos puesto en las manos de dos personas totalmente desconocidas: el guía y el chofer del vehículo. Gracias a Dios, caímos en buenas manos.  Luego...

Huancayo: Erumbando al Huaytapallana

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Mercado Modelo de Huancayo.  7:15 de la mañana. No nos costó tanto levantarnos de la cama esa mañana. Como nos pasa cuando estamos de viaje, la emoción por salir a vivir aventuras, por conocer cosas nuevas, nos hizo dejar la guarida muy temprano, a pesar del frío de las primeras horas del día. Tomamos un taxi hasta el Mercado Modelo; había que desayunar pronto para luego tomar el tour . Caminamos rápidamente por los pasillos aún vacíos del mercado, en busca de la zona de los jugos. Al llegar, las vendedoras comenzaron a llamarnos con peculiar vehemencia, todas a la vez. Eso te sorprendió un poco… al final, escogimos el puesto de la señorita menos efusiva. Con mucha amabilidad, nos ofreció lo que tenía para preparar. Le pediste un pan con pollo deshilachado y un jugo de fresa con leche; yo, pan con queso y un jugo especial con malta. Salió treinta soles. Ya con la panza llena, nos fuimos caminando, a paso lento, desde el mercado hasta la plaza Huamanmarca, desde donde partiríam...

Huancayo: Cuando recién empezamos a entender este viaje

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Terminal terrestre de Cruz del Sur, avenida Ferrocarril (Huancayo).  6:40 de la mañana. Dormimos casi todo el viaje —unas nueve horas sin sentirlo—, una de las ventajas de tomar el bus de noche. Al llegar, nos abrigamos bien y, al bajar, el frío nos golpeó directo en el rostro. Revisamos la temperatura en la aplicación del clima: seis grados. Rápidamente recogí la maleta de la bodega del bus y salimos a buscar un taxi. Afuera de la terminal había un kiosco; compré dos pares de guantes para el frío, unos caramelos de coca para mí… y un chocolate para ti —craso error—. El taxi nos cobró siete soles hasta el hotel Tuki, en la esquina de la avenida Huancavelica con el jirón Tarapacá, que sería nuestra guarida al final de cada jornada en Huancayo. Aunque ese primer día, la guarida tuvo otra función: tu aclimatación. La ciudad de Huancayo se encuentra a 3,250 m s. n. m. —más alto que Huaraz, aunque por debajo de Cusco o Puno—, altitud suficiente para que muchos de sus visitantes experime...

¡Huancayo, allá vamos!

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Terminal terrestre de Cruz del Sur de la avenida Javier Prado.  9:50 de la noche.  Ahí estábamos los tres: mamá, tú y yo. Ya habíamos registrado la única maleta que llevábamos para la bodega del bus cuando se oyó la última llamada para abordar. Nos abrazamos fuerte por unos segundos y nos despedimos. Imagino que para ella debió de ser difícil vernos partir —para mí, sin duda, lo fue—. Nunca antes habíamos hecho un viaje así, solos, padre e hijo.  Sentía esa emoción por lo nuevo, por la aventura que nos esperaba; pero también me daba mucha pena dejar a tu mamá atrás. Pensé que sería más fácil, la verdad. Ya en nuestros asientos, hicimos una videollamada con ella para darnos un último adiós; aún seguía en la terminal, esperando nuestra partida. Ahí nomás dieron las diez en punto y el bus comenzó a moverse. Ya no había marcha atrás…  «¡Huancayo, allá vamos! Que valga la pena, por favor…», me dije en silencio. [siguiente  post :  Huancayo: Cuando recién empezam...

Mi rewind del 2022

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31 de diciembre. Sábado muy temprano por la mañana. Mi penúltimo día de aislamiento por el Covid. En la radio se oye a la gente llamando para dar sus mensajes y deseos de Año Nuevo, algunos más emotivos que otros, cada uno con su propia historia por detrás y sus propios sueños por delante. Por un instante, me imagino a mí mismo llamando por teléfono, para expresar algo de lo que tengo adentro para compartir. Ha sido un año muy complejo, con un poco de todo —o bastante de todo, diría yo—, simplemente imposible de condensar en una sola llamada telefónica a la radio. Y pienso, ¿no sería entonces un buen cierre del 2022, y bien merecido, el dedicarle un post entero? ¿Una especie de “ rewind ” del año, con las vivencias, los aprendizajes y las caídas, sin censuras ni exageraciones? Yo creo que sí. Pero, ¿y si le superponemos la narrativa de un último día del año, mi último día del 2022, solo en casa, sin los míos? Suena interesante. ¡Pues aquí vamos! Luego de un desayuno muy ligero, me pon...

¡Adiós, tío Lino!

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Julio de 2007 Era el último tramo de un solitario viaje de tres semanas por el sur del Perú: una necesaria extracción de mi ser, en búsqueda de entendimiento, de redención y de luz en medio de un período oscuro de mi vida. Atrás quedaban los imponentes cerros del santuario de Machu Picchu , las heladas islas sobre el Lago Titicaca , y las ruinas de un imperio milenario  llamado Tiahuanaco  al otro lado de la frontera boliviana . Había dejado para el final de la travesía a (nada más ni nada menos que) Abancay, la tierra de mis ancestros. El bus se detuvo; por fin habíamos llegado. Mi papá le encargó a su amigo Jorge "El Viejo" Vargas que me esperara en la estación terrestre y que me ayude a instalarme en la ciudad —conocía al tío Jorge de toda la vida: músico folclórico y guitarrista igual que mi padre, uno de sus mejores amigos—. Cuando bajaba del bus, lo reconocí inmediatamente; y a su lado, casi dos cabezas más alto, estaba un señor al que jamás había visto. —¡Hola, pa...

"Atahualpa" obsession

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Hace dos meses, por motivos de trabajo, me tocó estar en la ciudad de Cajamarca ; decidí quedarme por allá el fin de semana para hacer un poco de turismo. Aquel sábado por la mañana, la plaza de armas me lucía más solitaria y lúgubre que otras veces —creo que es la plaza más triste de las que conozco del Perú—. Todo me hizo sentido con la explicación de la guía de turismo en el Cuarto del Rescate : un día como ese, 481 años atrás, un 16 de noviembre de 1532, se produciría allí mismo una masacre infame y despreciable. La rememoración del evento que cambiaría el curso y la esencia misma de una nación me sobrecogió de maneras inexplicables, y la figura de uno de los personajes más emblemáticos de nuestra historia se apoderó de mí. Ya por el 2012, al terminar de leer Los orígenes de la civilización en el Perú , del antropólogo Luis G. Lumbreras (1974), caería en cuenta de que había estado ciego —o tuerto, para no ser exagerado— respecto del pasado prehispánico y sobre el traumático proce...

Crónica de nuestro retorno a la Ciudad Sagrada de los Incas

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Hace doce años, a finales de 2001, visitamos Cusco, el "ombligo del mundo", por primera vez. Por aquellos días, una lluviosa capital del imperio del Tahuantinsuyo le abrió las puertas a tres poco experimentados turistas —a ti, a tu mami y a mí—; de hecho, si no fuera por tu tío-tatarabuelo Juani Valer, el viaje hubiera sido bastante más ajetreado de lo que fue. Con todo y la lluvia, el soroche y el tener que llevarte cargadita a todos lados, para todos fue una experiencia inolvidable. Seis años más tarde, a mediados de 2007, luego de haber sido escogida, Machu Picchu, como una de las 7 Maravillas del Mundo , sentía que debía volver; pero esta vez, ya solo. Y así, a mis 33 años, emprendí un solitario peregrinaje de tres semanas por el sur del Perú: un breve aislamiento autoimpuesto para (intentar) encontrarle un sentido a mi vida. ¡Qué mejor lugar para comenzar esa búsqueda que la Ciudad Sagrada de los Incas ! Otros seis años después, para el verano de 2013, tú en pl...