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Mostrando las entradas con la etiqueta Oliver y Kyara

La Virgen María en «La Crucifixión» de Masaccio

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Retomo el lienzo virtual con las imágenes de la secuencia pictórica del « Getsemaní » de Jesucristo Superstar . Una figura femenina afligida, la única aparte de María Magdalena en esta secuencia, capta de inmediato mi atención. Su fondo áureo me lleva a buscar « pinturas de la crucifixión sobre fondo dorado » en Google. La obra de arte que busco aparece recién en el cuarto bloque de imágenes resultantes. Me acerco más al detalle de la mujer. Un manto azul ultramarino le cubre la cabeza, dejando ver un rostro angustiado, de perfil; su mirada se eleva hacia arriba y sus manos entrelazadas suplican misericordia. El color del manto, un indicio iconográfico del personaje retratado, es el azul de la pureza, la serenidad y la devoción. Es la representación de la Virgen María en La Crucifixión del Políptico de Pisa . Realizada en 1426 por el joven pintor italiano Tomasso Masaccio, sobre una tablilla de 83 por 63 cm, formó parte de un retablo de varios paneles dentro de una iglesia en Pisa (...

Kyara baila sola

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Como cada mañana, ese día Kyara se dirigía a su trabajo observando lo que sucedía a su alrededor desde la ventana del taxi: madres apuradas cruzando la pista con sus niños, mujeres maquillándose en otros taxis, ejecutivos solitarios al volante, parejas inanimadas, parejas acarameladas, parejas discutiendo; y le parecía que todos ellos tenían una vida más interesante que la suya.  —Por favor, ¿podría subir el volumen de la radio? —Sí, señorita... ¿música o noticias? —preguntó el taxista, amablemente. —Cualquiera está bien —respondió ella mientras volvía la mirada hacia afuera. Luego de unos minutos, comenzó a sonar una melodía que le resultó familiar, y aunque ya había oído antes  Lo echamos a suertes , por primera vez le prestó algo más de atención a la letra. Las sutiles coincidencias de su vida con la letra de la canción que cantaban a dúo las chicas de Ella Baila Sola le hicieron esbozar una sonrisa cómplice. De pronto, su celular comenzó a timbrar. —...

Oliver y Kyara

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Desde hacía varias semanas, extraños y breves pensamientos irrumpían en la mente de Oliver. La sensación de ansiedad era inevitable; y de pronto, como si una fuerza sobrehumana arrasara con todo lo que tenía frente a él, se quedaba allí mismo, en una fría y solitaria penumbra. Estos espasmos, cada vez menos espaciados, le habían alterado el orden de las cosas; ese orden al que se había acostumbrado a través de los años. A sus treinta y tres, se rehusaba a planear, a proyectar su futuro más allá del momento; vivía conforme se iban abriendo y cerrando las puertas, sin metas que alcanzar o retos por qué luchar. Tenía un buen trabajo, y no veía la necesidad de crecer profesional o académicamente. De alguna manera, confiaba en que su porvenir —y el de su familia— estaba asegurado por el designio divino. Sin mayores aspiraciones económicas, era feliz. Kyara era su mundo, su universo, la estructura sobre la que había configurado su vida. Llevaban siete años de casados, y aun cuando sabía ...