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Kyara baila sola

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Como cada mañana, ese día Kyara se dirigía a su trabajo observando lo que sucedía a su alrededor desde la ventana del taxi: madres apuradas cruzando la pista con sus niños, mujeres maquillándose en otros taxis, ejecutivos solitarios al volante, parejas inanimadas, parejas acarameladas, parejas discutiendo; y le parecía que todos ellos tenían una vida más interesante que la suya.  —Por favor, ¿podría subir el volumen de la radio? —Sí, señorita... ¿música o noticias? —preguntó el taxista, amablemente. —Cualquiera está bien —respondió ella mientras volvía la mirada hacia afuera. Luego de unos minutos, comenzó a sonar una melodía que le resultó familiar, y aunque ya había oído antes  Lo echamos a suertes , por primera vez le prestó algo más de atención a la letra. Las sutiles coincidencias de su vida con la letra de la canción que cantaban a dúo las chicas de Ella Baila Sola le hicieron esbozar una sonrisa cómplice. De pronto, su celular comenzó a timbrar. —...

«Flora, estoy enamorado de ti»

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[Extracto del cuento “Día domingo” de Los jefes (Mario Vargas Llosa, 1959)] «Contuvo un instante la respiración, clavó las uñas en la palma de sus manos y dijo, muy rápido: “Estoy enamorado de ti”. Vio que ella enrojecía bruscamente, como si alguien hubiera golpeado sus mejillas, que eran de una palidez resplandeciente y muy suaves. Aterrado, sintió que la confusión ascendía por él y petrificaba su lengua. Deseó salir corriendo, acabar: en la taciturna mañana de invierno había surgido ese desaliento íntimo que lo abatía siempre en los momentos decisivos. Unos minutos antes, entre la multitud animada y sonriente que circulaba por el Parque Central de Miraflores, Miguel se repetía aún: “Ahora. Al llegar a la avenida Pardo. Me atreveré. ¡Ah, Rubén, si supieras cómo te odio!”. Y antes todavía, en la Iglesia, mientras buscaba a Flora con los ojos, la divisaba al pie de una columna y, abriéndose paso con los codos sin pedir permiso a las señoras que empujaba, conseguía acercársele y saludarl...

Aves de paso, como pañuelos cura-fracasos

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Fue en 2003 cuando Juan Carlos (JC) me hizo escuchar Aves de paso , la canción de Joaquín Sabina interpretada a dúo con Miguel Ríos . Me la hizo escuchar a todo volumen en su auto, justo antes de iniciar una noche (más) de interesante tertulia, buena música y mucho alcohol. Trabajábamos juntos en un proyecto de desarrollo de software , que se encontraba en una etapa complicada y que demandaba largas horas de trabajo. Al finalizar el día, alrededor de las once o doce de la noche, salíamos a relajarnos un poco. Era una etapa oscura en mi vida. Tenía 28 años, y por aquel entonces, ya vivía el inicio del fin de mi primer matrimonio —sin reconocerlo aún—; y JC se convirtió en ese amigo necesario y leal, con quien podía discutir sobre mis frustraciones y anhelos, pero con quien también podía llevar al extremo esa necesidad de olvidar el enojo y la miseria que sentía por dentro. JC fue mi compañero de noches interminables, de excesos y de lujuria. Tengo una tendencia inusual a relacionar can...

Estuve allí cuando las vacas empezaron a volar

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Estuve allí cuando las vacas empezaron a volar. Yo simplemente no podía creerlo. Desde la ventana del auto pude ver con mis propios ojos cómo a una de ellas le salieron unas enormes alas. Emergieron de su piel como si hubieran estado siempre allí. Esta era una vaca adulta, con pelaje negro y manchas blancas, y sus alas parecían estar cubiertas por grandes plumas negras. Las sacudió y las extendió, dio cuatro pasos acelerados hacia adelante; saltó, impulsándose sobre sus patas traseras, y alzó el vuelo. En unos segundos, a otras dos más les pasó lo mismo. Luego, ya había casi una docena de vacas sobrevolando el campo.  Cuando salí del asombro, pregunté en voz alta: “¿Están viendo eso?”. Mi padre preguntó: —¿Qué cosa, hijo? —¡Las vacas! —respondí, sorprendido de que no se hubieran dado cuenta. —Sí, las vacas. Qué hermoso paisaje, ¿verdad? —Papá, las vacas están volando. ¡Mira! —¿Volando? Hijo, estoy manejando. No digas tonterías. —¡¡Papá, para ya!! Mi padre detuvo el auto y volteó en...

Miro al espejo y veo…

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Soy yo, obviamente. Un yo cotidiano, algo cansado después de la jornada laboral desde casa, algo desaliñado también, ya que hoy no tenía ninguna reunión importante en el Banco; o mejor dicho, ninguna reunión con alguien tan importante como para estar “bonito”, digamos. De hecho, no me afeito hace tres días. Y peor aún, el calor que está haciendo en Lima hace que tenga la cara grasosa casi todo el tiempo. El espejo no miente. Además, soy un yo medio obsesionado con monitorear que no vaya a subir de peso. Me miro al espejo y escaneo las carnes de mi rostro (cachetes, papada), sin mencionar que ya en las mañanas, todos los días, me peso. El yo de este momento de mi vida es el “loquito dieta”, desde hace año y medio, cuando llegué a mi máximo histórico de 82 kg, lo que hizo que mi madre me lanzara el siempre presente “ ¡Estás obeso, hijo! ”. El espejo lo sabe. Por último, miro al espejo y confirmo lo que sienten mis ojos: un leve ardor. Y es que hoy me levanté a las 6 a. m. a repasar la cl...

Mi rewind del 2022

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31 de diciembre. Sábado muy temprano por la mañana. Mi penúltimo día de aislamiento por el Covid. En la radio se oye a la gente llamando para dar sus mensajes y deseos de Año Nuevo, algunos más emotivos que otros, cada uno con su propia historia por detrás y sus propios sueños por delante. Por un instante, me imagino a mí mismo llamando por teléfono, para expresar algo de lo que tengo adentro para compartir. Ha sido un año muy complejo, con un poco de todo —o bastante de todo, diría yo—, simplemente imposible de condensar en una sola llamada telefónica a la radio. Y pienso, ¿no sería entonces un buen cierre del 2022, y bien merecido, el dedicarle un post entero? ¿Una especie de “ rewind ” del año, con las vivencias, los aprendizajes y las caídas, sin censuras ni exageraciones? Yo creo que sí. Pero, ¿y si le superponemos la narrativa de un último día del año, mi último día del 2022, solo en casa, sin los míos? Suena interesante. ¡Pues aquí vamos! Luego de un desayuno muy ligero, me pon...

Gracias, Julia Cameron 😍

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Cerca de mediados de este año, en mi búsqueda de una mejor comprensión y aprovechamiento del color en mis fotografías, llegué a Martin Casas , artista argentino apasionado de la fotografía, el cine y la divulgación del arte. En uno de los foros de su comunidad, Teoría del color online , el propio Martín le recomendaba un libro a una pintora que por aquel momento se encontraba bloqueada. Me llamó la atención el término bloqueo creativo , que por cierto me hacía mucho sentido, y más aún, que el problema tenga solución. Entré al enlace que Martin dejó en el foro y comencé a leer las primeras páginas del libro. Inmediatamente quedé enganchado. Y como el PDF disponible en la web era horrible (casi imposible) de leer, logré ubicar una edición impresa en una librería en mi ciudad, y dos días después ya tenía en mis manos el libro que me cambiaría la vida: El camino del artista, de Julia Cameron. Se trata de una guía para liberar el potencial creativo, pero no es cualquier libro de autoayuda...