Teatro Segura, sábado 8 p. m., cuarta fila; la sala a oscuras, excepto debajo del escenario, donde el director musical ya daba las primeras instrucciones para el inicio de la obertura. Aquel inconfundible punteo de guitarra eléctrica solo confirmaba que esa noche se cumpliría uno de mis sueños de adolescencia. Juan Carlos Salas fue quien sembró en mí el interés en Jesucristo Superstar , cuando yo tenía 12 años, prestándome unos cassetes con la música de la película, luego de una breve pero apasionada explicación de lo que se trataba. Intenté conseguir una copia en las tiendas de alquiler de videos, en Betamax y VHS, sin éxito. A los dos años, con un grupo del Oratorio María Auxiliadora, fuimos a una representación parroquial de la opera rock , y aunque la producción y el sonido no eran de primera, pude apreciar la obra y asociarla con la música, con la que ya había quedado cautivado. Al año siguiente, durante Semana Santa, se anunciaba en la tele, la transmisión de la película, la cu...