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Crónica de nuestra Semana Santa en Ayacucho

No podíamos esperar a que sean las 10 p. m. para salir hacia la agencia. Tanto tú como yo estábamos cargados de esa particular emoción a la que llamo "el bichito aventurero", y que al parecer está dentro de nuestros genes. ¿Una fotito antes del viaje? Por qué no. Click click. ¡Listo! Te despediste de tu mamá y de Valeria, y con la mochila celeste a tus espaldas, nos fuimos. La capital religiosa del Perú nos esperaba a casi nueve horas de viaje. Esta es la crónica de nuestra Semana Santa en Ayacucho.

El abuelo nos acompañó hasta la terminal de la agencia. Subimos al bus, asientos 37 y 38, y siendo casi las 10.45 p. m. iniciamos la aventura. Al principio tenía temor de que el viaje te vaya a chocar. Nos separaban de nuestro destino 543 km a través de la ruta Lima-San Clemente-Ayacucho (vía de Los Libertadores). Afortunadamente nos quedamos dormidos y casi ni lo sentimos. Cuando despertamos ya era Jueves Santo y estábamos en la provincia de Huamanga, a pocos minutos de la ciudad de Ayacucho a 2761 m.s.n.m.

Jueves Santo
Monumento a Sucre en Plaza de Armas
Eran casi las 8 a. m. cuando llegamos a la dos de Vivanco, a media cuadra del Arco del Triunfo. Mi super-jefa, muy amablemente, había logrado hacernos un espacio en la casa de sus suegros, los Valdivia, quienes nos alojarían por los siguientes cuatro días. Ella también había ido a pasar Semana Santa con la familia. Cuando entramos a la casa, ya todos estaban allí. Nos presentamos y acomodamos el equipaje en la habitación que nos habían acondicionado. Esa mañana salimos un rato a la Plaza de Armas (al "parque" como la llamaban allá) a hacer un breve reconocimiento, y de paso pudimos recavar algo de información turística. El folleto que te causó más impresión y que fue tu guía durante nuestra estadía en Ayacucho, fue la Guía Jubilar de la Semana Santa 2009. Allí estaba toda la programación de las actividades religiosas.

'La tarde del Jueves Santo visitamos dos iglesias: la de la Compañía de Jesús en el pasaje 28 de Julio, y la Basílica Catedral en la Plaza de Armas. En esta última (que data del año 1672) nos quedamos un rato durante la misa del "lavado de los Pies", y luego chequeamos los cuadros de las catorce estaciones del Vía Crucis. Hacía un poco de frío, y te comenzó a doler las piernas. Me asusté un poco, pero supuse que era por el frio. En casa te puse una crema en las piernas y nos echamos a descansar un rato. Como a las 9 p. m. nos despertamos y te pusiste a llorar porque te dije que mejor ya no fuéramos a las siete iglesias.

Como te seguían doliendo las piernas la única solución era que te lleve cargado. Me sorprendió que insistieras en hacer ese recorrido, así que conmovido pensé "¡caballero nomás!"

Como a veces sucede en la vida, sin preveerlo y a causa de tomar una pequeña e insignificante decisión, esa noche me pasaron cosas muy bonitas. Fue la primera vez en mis treinta y cuatro años de vida que logré "hacer" las siete iglesias que manda la antigua tradición romana. Pero lo más interesante es que realmente viví el recorrido gracias a ti. Con las preguntas que me hacías en cada iglesia, el verte arrodillarte ante el Sagrario, la inocencia propia de tus seis años y el cariño con que orabas, parecías tan conectado con "Él" que yo mismo me sentía así de conectado a través tuyo. Fue de verdad una linda experiencia.
Adoración al Santísimo en Basílica Catedral
Otra de las cosas bonitas fue que, en una de las siete iglesias, en el templo de Santo Domingo (que data del año 1548), reconocí entre los fieles a una de las personas que más influyó en mi vida (durante la adolesencia). La veía venir hacia nosotros. Sotana y cofia grises: hábito característico de las Hijas de María Auxiliadora. Mi maestra y guía. La espera de casi veinte años había terminado. Emocionado y algo tímido, le pasé la voz:
—¡¡¡Sor Cecilia!!! —Ella tardó algunos microsegundos en reconocerme. Finalmente, lo dijo.
—¡¡¡Pepito!!!

Simplemente no podía creerlo. Me contó que estaba de directora de la casa de la congregación en Ayacucho. Te la presenté, y aunque no le hiciste mucho caso, a ella le causó mucha alegría el que estuviéramos compartiendo la experiencia de Semana Santa juntos. Le pedí su email (palabra que veinte años atrás ni siquiera existía) y nos despedimos con la promesa de no perder el contacto.

Cansados, siendo casi las doce de la noche, volvimos a la casa, ambos con la sensación de haber completado una misión que al principio nos parecía imposible. Satisfechos, nos echamos en la cama y nos quedamos dormidos.

Viernes Santo

Típica cerámica quinua sobre el tejadoTemprano mi super-jefa me confirmó que ellos alquilarían una combi para que los lleve hasta Quinua (3300 m.s.n.m.), un pueblo de alfareros a casi una hora de Ayacucho. Nos unimos a su grupo y cerca de las 10 a. m. ya estábamos de camino hacia el noroeste, donde tendríamos también la oportunidad de visitar uno de los lugares más emblemáticos de la Historia del Perú: el Santuario Nacional de la Pampa de la Quinua. Para ponerte en contexto, en la combi te resumí (al estilo Disney) cómo los incas habían llegado a formar un imperio que abarcaba buena parte de América del Sur y cómo los españoles llegaron a conquistar dicho imperio y a establecerse en estas tierras. Te conté que los descendientes de incas y españoles nacidos aquí, con el tiempo, ya no querían ser gobernados por España, sino que querían formar un país libre, nuevo y que sería lo que hoy conocemos como Perú. Y así logré ubicar su cerebrito en diciembre de 1824: la Batalla de Ayacucho.


El Santuario Nacional de la Pampa de la Quinua se encuentra a pocos minutos del pueblo. Cuando llegamos me impresionó el verdor de la pampa. Era intenso y contrastaba generosamente con los grises claros y oscuros del cielo ayacuchano. No podía dejar de imaginarme por momentos (misma película "Corazón Valiente") a los ejércitos patriota y realista enfrentándose allí mismo, sellando definitivamente la independencia para América del Sur. Un obelisco de 44 metros de altura se destacaba en el paisaje. Fue inaugurado en los setentas en conmemoración por los 44 años de lucha por la independencia (desde la primera revolución de Tupac Amaru hasta la batalla de Ayacucho).
Por la tarde, ya de regreso a nuestra base, se te antojó una pizza, así que estuvimos casi una hora caminando por las calles del centro de Ayacucho, sin éxito. Finalmente almorzamos otra cosa por ahi, pero en nuestro recorrido vimos como la ciudad se preparaba para sus siguientes actividades religiosas, con epicentro en la Plaza de Armas. Mientras al pie de la Basílica, un grupo de hombres preparaba el armazón del anda para el "Cristo Resucitado", en las cuatro calles circundantes de la Plaza de Armas, diversas instituciones y grupos representantes de la comunidad adornaban la pista con alfombras de flores multicolores y pintaban enormes imágenes en el suelo, preparando la calle para el evento de esa noche: la Procesión del Señor del Santo Sepulcro y de la Virgen Dolorosa.
Ayacucho se prepara para la Procesión del Señor del Santo Sepulcro
Luego de un reparador descanso, y siendo las 8 p. m., volvimos a salir hacia la Plaza de Armas. De camino, por el pasaje 28 de julio, compramos linterna y pilas. Cuando llegamos todo estaba a oscuras, excepto por las velas que muchos de los fieles tenían encendidas. Era algo impresionante. La plaza estaba totalmente llena de gente que devotamente esperaba la llegada de la imagen del Señor del Santo Sepulcro, que venía desde el templo de Santo Domingo. Casi no había espacio para avanzar. Luego de unos minutos, apareció el Señor por una de las esquinas con un séquito acordonado, conformado por autoridades civiles, militares y religiosas. Una banda completaba el ambiente de solemnidad.
El Señor del Santo Sepulcro en procesión
Cuando la imagen pasó frente a nosotros, nos unimos al séquito y avanzamos con él hasta la entrada de la Basílica Catedral. En ese momento el silencio invadió los corazones de todos los que allí estábamos y en la oscuridad de aquella noche de Viernes Santo, el coro al pie del templo comenzó a entonar el tradicional himno “Apu Yaya Jesucristo”, una oda en quechua que se canta en las iglesias ayacuchanas desde el siglo XVII. Las notas musicales y las voces del coro parecían atravesar mi pecho. Fue un momento emocionante.
La Virgen Dolorosa  en procesión
Como a dos cuadras de distancia venía la imagen de la Virgen Dolorosa, también con su propio séquito y su propia banda. Nos quedamos un rato más en la plaza, y luego nos fuimos caminando. Casi llegando a la casa, me pusiste en jaque con una pregunta:
—Papi, a esta hora ¿qué estaba haciendo Jesús?
—Mmmm... bueno, hijo, a esta hora Jesús estaba —trataba de recordar el Credo— ah! claro! a esta hora ya debió haber descendido al infierno.
—¿Y para qué fue al infierno?
—Bueno, lo que pasa es que en el infierno había un grupo de personas que estaban allí injustamente y que Jesús debía liberar. —te respondí de acuerdo con lo aprendido de mis épocas parroquiales.
—¿Y el diablo no le hizo nada a Jesús?
—No pues, hijo. El diablo no le puede hacer nada porque le tiene miedo.
—Ah ya... —Y cuando yo ya había cantado victoria, lanzaste tu pregunta —:¿Y por qué estaban esas personas buenas en el infierno?

La verdad que no recordaba bien cómo era ese asunto, así que te dije que eso lo ibas a entender cuando seas más grandecito. No pusiste resistencia a esa respuesta, así que lo dejamos ahí. Cansados, ya en casa, nos dormimos pensando en las cosas que habíamos vivido ese día, y en lo que aun nos quedaba por delante.

Sábado de Gloria

Vestidos con polo rojo, pañoleta blanca y blue-jeans, siendo casi a las 10 a. m., ya estábamos listos para el evento adrenalínico del día: ¡el Pascua Toro!. El Sábado de Gloria es, en Ayacucho, un día de festejo popular. El "Pascua Toro" o "Jala Toro" es una costumbre tradicional en la que los toros son jalados por jinetes desde la alameda hasta la Plaza de Armas, en donde la gente se encuentra reunida esperando su llegada.

'DemasiadaCuando nosotros llegamos a la plaza, el sol ya calentaba fuerte. Todos se iban acomodando en las veredas mientras que, desde uno de los balcones, un tipo anunciaba por el altavoz que en cualquier momento empezarían a llegar los toros e instaba a la gente a no cometer desmanes y más bien a tomar precauciones para evitar accidentes.
'
—¡Ahí viene!¡Ahí viene! —se escuchaba cada vez más fuerte—. Tú no querías desprenderte de mi. Tampoco te daba miedo quedarte en la pista conmigo. Así que quedamos en que si nos perdíamos entre la muchedumbre, nos encontraríamos en el centro de la plaza: en la estatua de Sucre. "¡Y aquí vamos!", pensé mientras la euforia de los jóvenes ayacuchanos y turistas se convertía en gritos de bravura al ritmo del pasacalle o araskaska. El primer toro pasó frente a nosotros seguido por una multitud eufórica.

Lamentablemente, casi al terminar su recorrido en la plaza, la cuerda se destensó y el toro quedó un poco libre. Talvez asustado por la cantidad de gente a su alrededor embistió a uno de los espectadores. Inmediatamente el jinete arrancó y se llevó al toro enfurecido. Al hombre herido se lo llevaron al hospital. La fiesta continuó y llegaron tres toros más, sin mayores complicaciones, gracias a Dios. Nosotros tomamos mayor distancia, ya que nos asustó lo sucedido.

Luego del mediodía nos unimos a los Valdivia, para subir al cerro Acuchimay, a la feria tradicional más importante de Ayacucho. Cuando bajamos del taxi, teníamos todavía un tramo por subir a pie. El problema era que el taxi nos había dejado en la zona de ganado. Y ahí estábamos tú y yo, con polos rojos, en medio de docenas de toros:
—¡Papá!... ¡Los toros me están mirando!
—Hijito, no te preocupes. Los toros ven en blanco y negro.
—¿De verdad? ¡Entonces creo que no les gusta el dibujo de mi polo
—Jajaja... no te preocupes, simplemente no los mires y sigue avanzando.

Ese día almorzamos cuy. Era la primera vez (para ambos) que teníamos que despedazar literalmente a un animal cocinado casi entero usando las manos. De regreso, por la tarde, compramos algunos souvenirs en el Mercado Central, nos tomamos un "jugo especial" y siendo las seis de la tarde nos acostamos para dormir, ya que el plan era despertarnos a las 3 a. m. para el último y más importante evento religioso de la Semana Santa: la Procesión de la Aurora.

Domingo de Resurrección: ¡la Pascua!

3 a. m. Me despertó la alarma de mi celular. Me bañé para que se me pase el sueño. Te desperté. Y tú, muy entusiasmado, te cambiaste solito y te abrigaste lo más que pudiste. Ambos sabíamos que esta sería la última de nuestras actividades del viaje, y a la vez nos entusiasmaba que éste sería el momento más bonito de la Semana Santa. Cuando salimos a la calle hacía frío y estaba lloviendo. Caminamos rápidamente las dos cuadras que separan el Arco del Triunfo, de la Plaza de Armas.
Devoción en el siglo XXI
Lo primero que hicimos fue dirigirnos a la Basílica Catedral donde la bellísima anda piramidal con el Cristo Resucitado en su cúspide, aguardaba el momento de su recorrido triunfal por el perímetro de la plaza. La altura del anda era lo primero que nos impresionó. Parecía ser incluso más alta que la puerta del templo (aproximadamente 10 metros de alto). No entendía cómo iba a poder salir.

Salimos a la plaza a hacer un breve recorrido bajo la lluvia. Había de todo. Una extraña mezcla de fieles devotos acompañados de sus familiares que esperaban el momento de la celebración pascual, así como grupos de turistas como de gente del lugar en completo estado de ebriedad, recargándose de licor caliente para soportar el frio. La Plaza de Armas era un contraste entre devoción y euforia. Lo curioso es que todos allí, peruanos y extranjeros, niños y adultos, fervorosos y reboltosos, estábamos allí esperando el momento de la salida del Cristo Resucitado. Sin importar el credo o la motivación que nos tenía allí esperando bajo la lluvia, talvez lo que todos depositábamos en esa representación religiosa era nuestra propia necesidad de CREER, de tener ESPERANZA, de ser capaces de CAMBIAR.

Cerca de las cuatro de la madrugada, los castillos de fuegos artificiales comenzaron a disparar sus luces de colores hacia el cielo, mientras cuetes y bombardas reventaban por toda la plaza. El estridente sonido te asustaba un poco, así que te tapabas los oidos con las manos. La lluvia no cesaba y más bien, se ponía cada vez más intensa. Fuimos a buscar resguardo en las escaleras de una de las oficinas municipales. De pronto, se me ocurrió preguntar al vigilante si se podía subir a los balcones. Me dijo que era solo para los que tenían "pases". Le expliqué que veníamos de Lima y que queríamos tomar fotografías (le mostré mi cámara y todo). El asunto es que logré convencerlo, así que subimos a los balcones y nos ubicamos lo mejor que pudimos para esperar la salida del Cristo Resucitado.
Procesión de la Aurora o del Cristo Resucitado
Siendo un poco más de las cinco de la mañana, las campanas de la Basílica Catedral comenzaron a sonar. Desde nuestra posición privilegiada, pudimos ser testigos de uno de los eventos más bellos y emocionantes que se producen en el Perú. Por la puerta del templo comenzaron a verse las primeras luces de las gradillas inferiores de la pirámide. Cuando el anda traspasó la puerta, lentamente, desde abajo, se elevó la efigie de Cristo con su estandarte de plata. Todos en ese momento aplaudimos, mientras que se comenzaba a escuchar la solemne música de procesión.

Cargadores del anda del Cristo ResucitadoEl anda del Cristo Resucitado avanzaba lentamente, mientras el cielo iba aclarando su azul-noche a azul-amanecer, contrastando los amarillos de sus cientos de cirios encendidos. La lluvia no cesaba, pero tampoco la determinación de los casi 300 devotos que cargaban la impresionante estructura. Cuando la procesión terminó su vuelta por la plaza, ya era cerca de las seis de la mañana. El día ya estaba claro, pero no paraba de llover. Nos despedimos del Cristo Resucitado antes que descienda en su pirámide blanca, de regreso en la puerta del templo.

Nos dirijimos hacia la Basílica para la Santa Misa en quechua. Casi no había espacio. Tuvimos que sentarnos en el suelo. Mientras eschábamos misa, observaba que muchas personas dormían, agotadas por la jornada nocturna. Dormían, pero aun así, tenían que estar allí. Como a la media hora, me dijiste:
—Papi, no entiendo nada.
—Es que están hablando en quechua. Yo tampoco entiendo, hijo. —te respondí.
—¿Entonces para qué estamos aquí si no entendemos nada?
—Es un buen punto. ¿Quieres irte?
—Sí.
—Está bien, vámonos.
Santa Misa en quechua en la Basílica Catedral
Incamos nuestras rodillas derechas ante el altar y salimos del templo.

Adiós pueblo de Ayacucho

Cuando llegamos a la casa, el alboroto que había me hizo recordar el primer día que llegamos. Esta vez todos estaban alistándose para su regreso a Lima. Nos despedimos de ellos y nos quedamos un rato más en la casa con los Valdivia. Nuestro bus salía a las 11 a. m. así que teníamos un poco de tiempo. Me fui a comprar algunos souvenirs al Mercado Central y a tomarme un jugo especial. Al regresar, alistamos nuestras cosas, nos despedimos de nuestros amables anfitriones y nos fuimos para la terminal del bus.

Mientras el bus subía hacia las montañas por la vía de los Libertadores, por la ventana se podía apreciar la ciudad que no solo nos albergó amablemente, sino que nos envolvió en sus tradiciones religiosas, fortaleciendo nuestra fe y nuestro propio vínculo de sangre. Y como siempre digo: "recordar es volver al corazón"... y aunque la vehemencia y rebeldía propias la adolescencia y juventud nos llegue a distanciar en el futuro, tengo la ilusión de que ambos podremos volver aquí para recordar estos maravillosos cuatro días que pasamos juntos, recordar que fuimos padre e hijo en Ayacucho, la “vieja ciudad eclesiástica y devota", como la llamaba el pensador peruano José de la Riva-Agüero.




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Comentarios

Yani dijo…
hola galileus,

que papa e hijo tan simpaticos, todo lo que muestras y compartes me hace sentir tan orgullosa de ser latinoamericana y peruana. lindo ayacucho, lo maximo tu cronica.

saludos, yanina
Que maravilla de fotos, querido Galileus. Me alegro que lo pasaran tan bien en la Semana Santa. Gracias por compartirlo y hacernos partícipes a todos.

Saludos y besos desde la otra bitácora. Se feliz.
Anónimo dijo…
Hola.
Antes de nada, perdona que te escriba esto como un comentario, pero es que no vi tu email en el tu blog
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KARIN LOPEZ dijo…
ME PARECE EXCELENTE QUE TRANSMITAS A TU HIJO TU MANERA DE VER LAS COSAS QUE A MI PARECER SIEMPRE HAN SIDO ATINADAS RESALTO QUE TU PEQUEÑO TIENE EL DON DE LA CURIOSIDAD EN ESCENARIOS NO SOLAMENTE INFANTILES Y ESO ES MUY BUENO PORQUE A SU EDAD OTRO NIÑO NO HUBIERA ENTENDIDO MUCHAS COSAS FELICITACIONES GALILEUS TIENES UN HIJO PRECIOSO Y SE QUE TU LE VAS A TRANSMITIR TODA TU EXPERIENCIA Y LIDERAZGO PARA PODER SER MEJOR PERSONA CADA DIA.SALUDOS.
Galileus dijo…
Gracias, Karin, por darte un tiempo para leer el post. Gracias también por tu generosas palabras. Un besote.
Pepito (Galileus)
Anónimo dijo…
QUE MANERA DE ESCRIBIR CRONICAS Y COMO LO RELATAS DA GANAS DE LEER MAS! ME ENCANTO
Magaly dijo…
Me encanto como relatas las experiencias vividas
Magaly dijo…
Me encanto como relatas las experiencias vividas

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