San Valentín y las pelas de Disney
San Valentín otra vez... "¡Qué lindo!", pensé. Prendí la tele y los "Chicos Locos" la habían dejado en Disney Channel. La programación por "El Día del Amor y la Amistad" había empezado con el clásico "Pocahontas". Me quedé prendido hasta el final:
- POCAHONTAS: Mi pueblo me necesita.
- JOHN SMITH: Entonces me quedaré contigo.
- POCAHONTAS: No. Tú tienes que volver.
- JOHN SMITH: Pero ¡no puedo dejarte!
- POCAHONTAS: No lo harás. Sin importar lo que pase, yo estaré contigo. Siempre.
Será por la fecha o no se qué, pero casi me sale una lágrima cuando John Smith, desde su barco, observa a Pocahontas que había subido a una montaña para verle alejándose en el mar, y se despide haciéndole el típico gesto "indio" con la palma de la mano. Ella le responde emocionada con el mismo gesto, mientras se escucha cada vez más solemne la banda sonora ganadora del Oscar (1995) —de la autoría del maestro Alan Menken—.

Por un momento, embelezado por los colores de la última escena (y por la esbelta figura de Pocahontas), me quedé pensando en ese final. No es uno feliz, definitivamente. Por ahí leí que muchos niños no lo habían llegado a comprender. ¿Por qué Pocahontas no se va con John Smith a Inglaterra? ¿No estaba ella enamorada de él?
Estas preguntas me llevaron mentalmente a un viaje por los diferentes casos prácticos de amor que Disney nos ha ido mostrando a lo largo de los años.

A pesar de los consejos del sultán de Agrabah, la princesa Jazmín decide contraer matrimonio con un ladrón callejero llamado Aladdin.
La inquieta sirenita adolescente, Ariel, tampoco hizo caso a su padre, el rey Tritón, e incluso renunció a "su voz" (ojo con eso) por convertirse en humana y poder estar con el príncipe de sus sueños. ¡Y después nos preguntamos por qué hay tantas chicas rebeldes por ahí!
La inquieta sirenita adolescente, Ariel, tampoco hizo caso a su padre, el rey Tritón, e incluso renunció a "su voz" (ojo con eso) por convertirse en humana y poder estar con el príncipe de sus sueños. ¡Y después nos preguntamos por qué hay tantas chicas rebeldes por ahí!

Aurora, la Bella Durmiente, había pasado sus primeros dieciséis años sin ver a sus padres. Una vez que es despertada por su príncipe azul, decide casarse con él. ¿Y dónde quedaron los papás? ¡¿Qué pasó con recuperar el tiempo perdido con la familia?!

Creo que el mensaje común de todas estas historias fantásticas, llenas de aventura, magia y color, es que el amor es una fuerza imparable, invencible, incomprendida a veces. Basta que dos personas la sientan para que no importe nada ni nadie alrededor, para que lo único que se reconozca como necesario para subsistir sea el tiempo juntos, para dejar de ser dos y volverse uno... al menos mientras ese "amor" dure (o perdure), lo cual es otro asunto.
Comentarios
Saludos y besos desde la otra bitácora.
Para mi el amor es el motor que mueve al mundo, de repente mi punto de vista es surreal pero ahi vamos.
Un beso
Jules
Abrazo desde el otro lado del charco ;) Yani