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Two times in one day at the top of the Empire State

Desperté en la ciudad que nunca duerme. Era nuestro tercer y último día en Nueva York —habíamos dejado para el final la visita a su punto más alto—. Dicen que uno puede vivir en Nueva York toda su vida, pero hasta que no la ve desde la cima del edificio Empire State, realmente no ha visto la ciudad. En ese momento, no tenía idea de que no la vería una, sino dos veces.

The first time

Llegamos a la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34 Oeste, el corazón mismo de Manhattan, cerca de las diez de la mañana. Una mirada hacia arriba y se sentía el vértigo tratando de ubicar el último piso del imponente edificio. En la entrada compramos los tickets (USD 19 adultos y USD 13 niños) y luego nos dirigimos al vestíbulo, que mantenía el estilo art decó de los años treinta. Allí debíamos hacer la cola para subir a los ascensores.

Es importante mencionar que en nuestro grupo iba un sobrino mío en silla de ruedas, razón por la cual en casi todos los puntos de control y revisiones de seguridad nos hacían pasar más rápidamente. En realidad, casi ni hacíamos colas. En menos de treinta minutos, gracias a mi sobrino, ya estábamos en la famosa cubierta de observación del piso número ochenta y seis (86).

Se estima que, al año, más de tres millones y medio de personas visitan el observatorio del Empire State. La vista que ante nosotros aparecía era realmente impresionante. La Ceci y los "Chicos Locos" estaban maravillados, corrían de un lado para otro, buscando espacio entre la gente, para acercarse al borde de la azotea y poder apreciar la ciudad de Nueva York desde lo alto. Yo simplemente no podía dejar de "fotear"; había buen clima y el sol bañaba generosamente de luz los edificios y los rascacielos. Para mí, ¡era la gloria!

Edificio Chrysler desde el observatorio del Empire State


Rascacielos de Nueva York desde el observatorio del edificio Empire State


El corazón de Manhattan desde la cima del edificio Empire State


En la plataforma de observación del edificio nace la Torre, en cuyo nivel centésimo segundo (102.º) se encuentra el punto más alto de la ciudad. Por una módica suma, uno podía tomar un ascensor especial hasta dicho nivel. ¿Y por qué no? —me dije a mí mismo—. Así que pagué mis USD 15 y con mi recién estrenada Nikon D300 subí hasta la segunda plataforma de observación. La verdad es que no llegué a tomar fotos desde allí, porque el lugar era completamente cerrado y los vidrios eran tan gruesos que no permitían capturar nítidamente el paisaje. Honestamente creo que no valió la pena, excepto por el hecho de poder decir "estuve allí".

La bajada fue aun más rápida que la subida; y en casi quince minutos ya estábamos en el primer nivel, saliendo del edificio, satisfechos por la visita y más aun, impresionados por la majestuosidad de la decoración, por lo monumental de la construcción, y por la belleza del paisaje y la vista a más de cuatrocientos metros de altura. El Empire State es, a la fecha de la presente redacción, uno de los quince edificios más altos del mundo.

The second time

Mientras nos alejábamos del edificio, un pensamiento inquietaba mi mente: ¿cómo será estar allí al atarceder? Y durante todo el día, pensaba en lo complicado que podría ser volver allá: mis cuñados ya estaban estresados por la ciudad, los "Chicos Locos" se podían aburrir, la Ceci quería ir de shopping; así que trataba de no pensar en eso y seguir disfrutando los demás atractivos de Manhattan.

Cerca de las cinco de la tarde, me armé de valor y decidí comentarle a la Ceci mi inquietud. Contra todo pronóstico, ella entendió mi extraño deseo y me facilitó el asunto completamente: quedamos en que yo volvería al Empire State, y que los encontraría a todos, por la noche, en el Times Square.

Mientras iba para allá, en el bus, pensaba que esta vez no podía evitar las colas. Lo que me preocupaba era que ya eran las cinco y media de la tarde, y lo peor hubiera sido que se me pase la hora del atardecer antes de llegar al observatorio. Pero bueno, era parte de la aventura.

Compré mi ticket y, durante las siguientes dos horas, hice todas las colas como cualquier mortal. Estaba en verdad desesperado, porque ya eran las siete y media de la noche y aun no llegaba al último ascensor. Lo bueno es que en Nueva York, en esa época del año, el Sol se oculta a partir de las ocho —no me pregunten por qué—. Ya dentro del último ascensor, cuando la pantallita marcó el número ochenta y seis, las puertas se abrieron y casi empujo a un par de turistas franceses para poder correr hacia la azotea de observación.

El observar como la ciudad de Nueva York recibía la oscuridad, encendiendo lentamente sus luces, transformando la belleza de la vista de día a una espectacular vista de noche, creo que es mejor mostrarlo con imágenes, en lugar de contarlo con palabras. Fue una experiencia que dificilmente podré olvidar.

Nueva York se prepara para recibir la noche


El corazón de Manhattan de noche desde el observatorio del Empire State


Vista nocturna de la ciudad que nunca duerme


If I can make it there...

Camino al Times Square, iba pensando que, de niño, jamás me hubiera imaginado en la cima del "ampairestey" —en realidad, lo único que sabía era que allí mataron a King Kong—. Hace poco, mientras veíamos la película "Percy Jackson y el Ladrón del Rayo" con los "Chicos Locos", una de las locaciones era en el edificio neoyorquino. Cada vez que aparecía, los chicos se decían en voz baja, emocionados, "¡estuvimos allí!". La verdad es que yo también compartía esa misma emoción.

Para mi corazón de fotógrafo, estar allá fue tremendamente motivador. Si bien al fotógrafo no se le atribuye el mérito por la belleza del objeto o paisaje que fotografía, su mérito está en saber buscar, capturar y compartir dicha belleza.

Hoy, al imaginarme caminando apresuradamente por la Quinta Avenida, se me viene a la mente el final de la canción de una película de Martin Scorsese, acerca de la ciudad que nunca duerme: "Si puedo hacerla allá, podré hacerla en cualquier lugar; depende de tí, Nueva York, Nueva York".

Comentarios

Yani dijo…
lindas tus tomas y el corazon que le pones a tu historia, un super abrazo blogero y a seguir cantando "Si puedo hacerla allá..." (=
depeko dijo…
Ya te dije... las fotos estan estupendas, pero si no te perdono que no me hayas avisado que estabas por aqui... :)
Fenomenal artículo!!!
Te felicito por él y por ese gran viaje y te agradezco tu comentario en mi blog esperando que tu sueño se pueda hacer algún día realidad.
Un fuerte abrazo desde Cazorla.
Carmen Rosa dijo…
Increíbles fotos José!!! Espectacular viaje con los "chicos locos". Una experiencia que jamás olvidarán!!!
EVA MARÍA dijo…
Uff... qué vértigo!! Te quedaron unas fotos increibles, y unas vivencias para recordar siempre.

Saludos y besos desde la otra bitácora. Me encantó leerte de nuevo.
Angela dijo…
Gracias por volver al edificio por la tarde...

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