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Mostrando las entradas con la etiqueta Demasiado mío

Beethoven: sinfonías n.º 1 y 2 en el Teatro Nacional

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Hoy empezó el ciclo de las nueve sinfonías de Beethoven en el Gran Teatro Nacional, y para mí no fue solo un concierto más: toda mi vida he querido recorrerlas completas. Estar allí, a mis 51, escuchando la Primera y la Segunda era por fin dar el primer paso de un anhelo largamente esperado. Fui con mi papá (84), Chema (23) y Marce (11) —mis hombres favoritos—; y mientras sonaba la orquesta, por momentos miraba a mis hijos y una idea volvía a mi mente, una y otra vez: algún día yo no estaré, pero quizás ellos recuerden estos conciertos. Tal vez regresen al teatro, ya adultos, y al oír los primeros compases sientan algo familiar. Me gusta imaginar que me recordarán trayéndolos (casi) de la mano, insistiendo en que escuchen con atención; y sé que, por un instante, yo también estaré ahí.

No estoy solo

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Hoy me sorprendió el mensaje anónimo de un lector de esta serie sobre Superstar , patéticamente relegada al olvido meses atrás, una vez más. La verdad es que volví a perder la brújula: a tan solo dos imágenes de completar el rompecabezas, me bloqueé al sentirme frustrado —o quizá fue a la inversa—, y la búsqueda de los dos fragmentos incógnitos del montaje de la crucifixión dejó de ser una prioridad para mí. Confieso que también aparecieron otras historias, lugares y testimonios que clamaban ser plasmados, así como otros intereses creativos y artísticos que me sedujeron. A medio camino de mi trayecto por las obras que componen la secuencia pictórica en Getsemaní , atravesé uno de esos momentos de duda existencial sobre el propósito de esta serie documental. Acababa de ver Seven ( David Fincher , 1995) y me dejó pensando una conversación entre los detectives Somerset y Mills ( Morgan Freeman y Brad Pitt ), sobre la utilidad que tendría su infructuosa investigación. Me sentí identifi...

El testigo involuntario (2.ª ed.)

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A mitad de una noche juerguera en Depeche Order, mientras regresaba del baño hacia mi grupo de amigos —luego de mojarme el cabello y acomodarme la cresta—, pasé por la barra y me sorprendió una cara conocida: el papá de una compañera de colegio de mi hija. Estaba solo, tomando un güisqui. Decidí acercarme a saludar. A él también le sorprendió la coincidencia —gratamente, por cierto, quizá por los efectos del alcohol—. Me contó que venía de una reunión del trabajo, y que como todavía era temprano —tres de la mañana—, decidió pasar por un trago y relajarse un poco, mirando cómo se divertía la gente. Mientras hablaba, mi memoria proyectaba imágenes suyas, de su bella esposa y su hija en actividades del colegio. Recordé cumpleaños, kermeses, reuniones de padres… incluso las veces en que fui a recoger a mi hija a su casa. Su celular comenzó a sonar. —La que llama es mi hija… siempre se preocupa. Seguro quiere que me vaya a casa —dijo, guardando el teléfono sin contestar, mientras miraba los...

¡Huancayo, allá vamos!

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Terminal terrestre de Cruz del Sur de la avenida Javier Prado.  9:50 de la noche.  Ahí estábamos los tres: mamá, tú y yo. Ya habíamos registrado la única maleta que llevábamos para la bodega del bus cuando se oyó la última llamada para abordar. Nos abrazamos fuerte por unos segundos y nos despedimos. Imagino que para ella debió de ser difícil vernos partir —para mí, sin duda, lo fue—. Nunca antes habíamos hecho un viaje así, solos, padre e hijo.  Sentía esa emoción por lo nuevo, por la aventura que nos esperaba; pero también me daba mucha pena dejar a tu mamá atrás. Pensé que sería más fácil, la verdad. Ya en nuestros asientos, hicimos una videollamada con ella para darnos un último adiós; aún seguía en la terminal, esperando nuestra partida. Ahí nomás dieron las diez en punto y el bus comenzó a moverse. Ya no había marcha atrás…  «¡Huancayo, allá vamos! Que valga la pena, por favor…», me dije en silencio. [siguiente  post :  Huancayo: Cuando recién empezam...

Ítaca (Kavafis, 1911)

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Poema de Konstantinos P. Kavafis (Grecia, 1911) Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.   Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues —¡con qué placer y alegría!— a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.   Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor...

Una cura que raspa (y otras razones para agradecer a Alanis Morissette)

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Hay discos que no solo se escuchan. Se mastican, se tragan lento, como una píldora amarga que te raspa la garganta, pero que con el tiempo —como casi todo lo importante— termina curando. El álbum Jagged Little Pill , de Alanis Morissette, fue eso para mí. No lo entendí del todo cuando se lanzó en 1995. Yo era joven, quizás más enfocado en otras cosas, quizás no tan dispuesto a sentarme con mis propias contradicciones. Pero las canciones estaban ahí, como semillas que uno ni recuerda haber sembrado, hasta que un día… algo florece dentro de ti. Hoy, escuchándola de nuevo —a raíz de su presentación en Lima hace solo unos días, como parte de su World Tour 2025 —, ya más cerca de los cincuenta que de los veinte, con algunos golpes, varias cicatrices y una familia que es mi centro, me doy cuenta de cuánto resuenan las letras de ese álbum ahora. ¿No es irónico que la Alanis de 1995 supiera cosas que yo recién estoy empezando a entender? Estas son cinco de esas frases que, con más canas y meno...

Lo que se gana al perder

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Naturalmente, nadie entra a una competencia sin la esperanza de ganar; sin embargo, sería iluso ignorar la posibilidad de una derrota. Aunque pueda sonar obvio, necesito recordármelo: en este momento, una parte de mí busca algo de validación. Perder nunca se siente bien; desanima, aterriza, ubica —incluso cuando intentamos parecer incólumes por fuera—. Además, cuando uno se expone al escrutinio de otros con algo tan personal y tan íntimo como es nuestro arte, la sensibilidad se exacerba y la caída puede ser más dolorosa. Esta semana participé en un concurso de fotografía organizado por el reconocido fotógrafo Sillmer Cáceres . Como seguramente ya te imaginas, no pasé de las primeras eliminatorias. Hasta hoy, había decidido no pensar más en ello, pero creo que ha llegado el momento de analizar y evaluar qué sucedió realmente. El concurso se organizó como un torneo en el que los 32 participantes fuimos emparejados para competir en eliminatorias sucesivas hasta declarar un único ganador...

IA: Dime lo que lees y te diré quién eres #ChatGPT

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Esta mañana, un compañero de colegio envió a nuestro grupo de WhatsApp de la promoción una foto del estante de libros de su hijo, donde se veía un ejemplar de la obra sobre la cual se estaba hablando en ese momento, El Principito , junto a otros textos de su colección personal. Me dio curiosidad por el conjunto de títulos, que abarcaba temáticas variadas, como mitología griega, superhéroes, aventura, la Biblia, etc. Este mosaico literario encendió una chispa de asombro por lo mucho que nuestras elecciones de libros pueden revelar sobre nosotros mismos. Recordé entonces las palabras de Malcolm Gladwell en Blink: Inteligencia intuitiva (2017), donde sugiere que «nuestras pertenencias personales contienen información en abundancia y muy reveladora» sobre nuestras identidades y preferencias. Esta reflexión me llevó a realizar una experimentación personal: ¿Qué diría la inteligencia artificial (IA) sobre mí, a partir de mi propio estante de libros? Con esta pregunta en mente, decidí poner ...

Los colores del 2023

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Gracias a mi suscripción a la aplicación móvil Journal Lapse: Video Diary  (antes 1SE: 1 Second Everyday ), creada por el artista y emprendedor estadounidense, Cesar Kuriyama ; a inicios del año obtuve un resumen exhaustivo sobre el uso que le di durante el 2023. En sencillo, la aplicación permite grabar un segundo de video cada día y luego compilarlos cronológicamente en una sola secuencia audiovisual (un video  mash ). Llegué a ella en 2018, por una charla TED que dio su creador  y que me inspiró tanto que desde aquel entonces formo parte de la comunidad de usuarios. Como parte del resumen anual que me enviaron, el app analizó todas las imágenes y videos que subí, y elaboró una cartilla de colores , en la que podía visualizar qué color había predominado en cada uno de mis 365 días del año. Esta nueva funcionalidad me llamó la atención por la peculiar perspectiva que me dio sobre el año transcurrido. La cartilla de colores me fascina porque refleja bastante bie...
“Linda canción , pero lamentablemente te contaron la historia a medias... llámame para platicar al respecto”. Fue uno de los comentarios que recibió el primer post de esta serie acerca de mi viaje a través de la secuencia pictórica de la crucifixión en la película Jesucristo Superstar (Norman Jewison, 1973). Evidentemente, se trata de un viejo conocido (“amigo”, según la red social), por lo que, asumo, me movió un poco y me dejó pensativo durante algunos días.  Más allá de que hace muchos años ya no vive en el Perú, el hecho de llamarlo solo para “platicar al respecto” no me pareció tan buena idea. Creo saber por dónde iría la conversación, y aunque me encantan los debates, el discrepar respetuosamente, en sí los intercambios de opiniones alturados, hay ciertos temas y formas de abordarlos con los que simplemente no puedo. Me conozco, ya estuve allí, y no resultó muy bien que digamos. Es una historia algo complicada y muy vergonzosa, y no quiero salirme del tema. Para otra opor...

Dime, IA, ¿qué libro me compro? (¿La IA puede influir en mis decisiones?) #ChatGPT

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Acabo de experimentar algo inusual —nuevo en realidad para mí— acerca de la inteligencia artificial (IA). De pronto, me apareció una recomendación en la tienda online de Amazon , sobre el libro de Robert McKee , Guión: Sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones . El título y la reseña me llamaron bastante la atención. Pero luego encontré que había otro libro suyo llamado Diálogo: El arte de hablar en la página, la escena y la pantalla , que también me parecía interesante para mis propósitos literarios. Leí la reseña y no me parecía tan diferente del primer libro; en todo caso, no entendía bien en qué se podían diferenciar. Entonces, se me ocurrió pedirle ayuda a mi “nuevo mejor amigo”, ChatGPT , la inteligencia artificial desarrollada por la empresa norteamericana OpenAI. Esto fue lo que pasó. —¿Puedes decirme la diferencia entre dos libros del mismo autor? —[IA] ¡Por supuesto! Si me proporcionas el nombre de los dos libros y el nombre del autor, estaré encan...

Aves de paso, como pañuelos cura-fracasos

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Fue en 2003 cuando Juan Carlos (JC) me hizo escuchar Aves de paso , la canción de Joaquín Sabina interpretada a dúo con Miguel Ríos . Me la hizo escuchar a todo volumen en su auto, justo antes de iniciar una noche (más) de interesante tertulia, buena música y mucho alcohol. Trabajábamos juntos en un proyecto de desarrollo de software , que se encontraba en una etapa complicada y que demandaba largas horas de trabajo. Al finalizar el día, alrededor de las once o doce de la noche, salíamos a relajarnos un poco. Era una etapa oscura en mi vida. Tenía 28 años, y por aquel entonces, ya vivía el inicio del fin de mi primer matrimonio —sin reconocerlo aún—; y JC se convirtió en ese amigo necesario y leal, con quien podía discutir sobre mis frustraciones y anhelos, pero con quien también podía llevar al extremo esa necesidad de olvidar el enojo y la miseria que sentía por dentro. JC fue mi compañero de noches interminables, de excesos y de lujuria. Tengo una tendencia inusual a relacionar can...

Miro al espejo y veo…

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Soy yo, obviamente. Un yo cotidiano, algo cansado después de la jornada laboral desde casa, algo desaliñado también, ya que hoy no tenía ninguna reunión importante en el Banco; o mejor dicho, ninguna reunión con alguien tan importante como para estar “bonito”, digamos. De hecho, no me afeito hace tres días. Y peor aún, el calor que está haciendo en Lima hace que tenga la cara grasosa casi todo el tiempo. El espejo no miente. Además, soy un yo medio obsesionado con monitorear que no vaya a subir de peso. Me miro al espejo y escaneo las carnes de mi rostro (cachetes, papada), sin mencionar que ya en las mañanas, todos los días, me peso. El yo de este momento de mi vida es el “loquito dieta”, desde hace año y medio, cuando llegué a mi máximo histórico de 82 kg, lo que hizo que mi madre me lanzara el siempre presente “ ¡Estás obeso, hijo! ”. El espejo lo sabe. Por último, miro al espejo y confirmo lo que sienten mis ojos: un leve ardor. Y es que hoy me levanté a las 6 a. m. a repasar la cl...

Mi rewind del 2022

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31 de diciembre. Sábado muy temprano por la mañana. Mi penúltimo día de aislamiento por el Covid. En la radio se oye a la gente llamando para dar sus mensajes y deseos de Año Nuevo, algunos más emotivos que otros, cada uno con su propia historia por detrás y sus propios sueños por delante. Por un instante, me imagino a mí mismo llamando por teléfono, para expresar algo de lo que tengo adentro para compartir. Ha sido un año muy complejo, con un poco de todo —o bastante de todo, diría yo—, simplemente imposible de condensar en una sola llamada telefónica a la radio. Y pienso, ¿no sería entonces un buen cierre del 2022, y bien merecido, el dedicarle un post entero? ¿Una especie de “ rewind ” del año, con las vivencias, los aprendizajes y las caídas, sin censuras ni exageraciones? Yo creo que sí. Pero, ¿y si le superponemos la narrativa de un último día del año, mi último día del 2022, solo en casa, sin los míos? Suena interesante. ¡Pues aquí vamos! Luego de un desayuno muy ligero, me pon...